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Elogio de la excelencia (Alejandro Diz en Tribuna, El Mundo, 7 de octubre de 2009). Alejandro Diz pone el dedo en la llaga sobre las consecuencias del falso igualitarismo y las consecuencias que ha tenido en nuestro sistema educativo, y en nuestra sociedad en general, el desprecio o, al menos, el desinterés por valorar la capacidad y el esfuerzo. Y lo hace en un momento en el que ya han saltado todas las alarmas sobre el fracaso escolar en España y el empobrecimiento de nuestras Universidades, de las que sólo uno figura entre las primeras doscientas a nivel mundial. Reproducimos en parte su artÃculo, destacando lo siguiente: «Defender el principio de la búsqueda de la excelencia significa el proponer y fomentar un tipo de actitud ante la vida y el quehacer de las personas; un tratar de hacer y comportarse de la mejor forma posible, aun sabiendo que tenemos limitaciones y condicionantes en esa tarea... Porque la excelencia puede y debe buscarla tanto el intelectual más dotado como el artesano más modesto, tanto en su actividad profesional como en sus relaciones humanas en general... Cuando se elogia adecuadamente la excelencia se está defendiendo una sociedad que fomente el éxito del individuo que busque ser distinguido moral, intelectual, profesional, estéticamente, ser interesante para sà y para los demás, y por el contrario, procure la no conformación del hombre-masa, de la persona indiferenciada y, por ende, fácilmente manejable... Porque, desde las últimas décadas del siglo XX se ha ido amalgamando un tipo de mentalidad y de usos, especialmente en las generaciones más jóvenes, mezcla de, por un lado, hedonismo, con un culto fetichista al presente, un derecho a la diversión casi absoluto, una reivindicación de derechos sin deberes correspondientes, una actitud propia del "niño mimado" del quererlo todo y de manera inmediata, y, por otro lado, búsqueda de excelencia casi obsesiva en el ejercicio de determinadas profesiones, en el culto al cuerpo, la salud, la higiene o una regulación rigurosa del tiempo y de los planes diversos... Ha sido el rechazar, e incluso el renegar, de principios fundamentales de una educación de calidad, como es inculcar la necesidad del esfuerzo, lo que ha llevado a la situación de abandono de la excelencia... Es en la educación, posiblemente, donde el no potenciar la búsqueda de la excelencia sea la rémora que más pueda obturar la calidad moral y cultural, asà como el progreso, de la sociedad... En el caso de España, el problema es preocupante, y empieza a ser ya clamoroso. Los datos al respecto son contundentes y conocidos. Un fracaso escolar injustificable, con aproximadamente un tercio de los adolescentes que no acaban la educación secundaria, y casi un 40% de jóvenes de más de 16 años que no llegan a completar ni el Bachillerato ni la Formación Profesional... A esta situación se ha llegado por una confluencia de factores, desde excéntricos planes de estudio hasta desistimientos de los propios maestros y profesores en su actitud docente... Frente a la molicie en las aulas, a la confusión entre "enseñanza" y "psico-pedagogÃa" (aliada ésta más bien con la burocracia), y la falta de exigencia intercambiable entre profesores y alumnos (envuelto todo ello, eso sÃ, con la tela de esparto de una agobiante burocracia del papeleo y del lenguaje oficial farragoso e insoportablemente petulante) está la llamada de los más sabios y honestos al rigor y a la búsqueda de la excelencia... Ha sido el rechazar, e incluso el renegar, de principios fundamentales de una educación de calidad, como es inculcar la necesidad del esfuerzo, lo que ha llevado a la situación de abandono de la excelencia... La ideologÃa dominante sostiene que es mucho mejor renunciar a la excelencia antes de correr el riesgo de lastimar la autoestima de cualquier estudiante. En lugar de estimular a los niños para que se superen, los maestros invierten sus energÃas en conseguir que los niños más lentos en aprender no se consideren a sà mismos fracasados... George Steiner, uno de los pensadores que más se ha destacado en el análisis y la crÃtica acerca del problema del abandono de la búsqueda de la excelencia, ha repetido en varias ocasiones que es en la enseñanza secundaria donde se libran los combates decisivos contra la barbarie y el vacÃo. «Enseñar es despertar dudas en los alumnos, formar para la disconformidad»... Un falso igualitarismo ha ido debilitando el fomento del esfuerzo y la búsqueda de la excelencia en los estudiantes, y esto se da ya desde los niveles de educación más básica. La defensa de un falaz igualitarismo en el que no se debe premiar el esfuerzo y la capacidad de los más dotados o aplicados; en el que no se debe hacer ninguna distinción entre los alumnos porque eso frustra a los menos estudiosos, trabajadores o capaces, asà como otras variantes de un tipo de pedagogÃa que está resultando penosa en general...» |
