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Escribe José M. Castillo en Ideal sobre la influencia de la religión en el ámbito del trabajo y la necesidad de repensar cómo afrontamos el trabajo profesional, venciendo la idea de que el objetivo es encontrar uno donde se gane mucho y se trabaje poco, que tanto predomina en nuestro país. Constatando el mayor desarrollo económico alcanzado por los pueblos de mayoría protestante, señala, siguiendo a Weber, que no en vano la teología luterana (y la doctrina calvinista de la predeterminación) inculcó en los fieles el convencimiento de que el más noble contenido de la conducta moral consite precisamente en sentir como un deber el cumplimiento de la tarea profesional en el mundo. Tanto que Weber insiste en que “lo propio y específico de la Reforma, en contraste con la concepción católica, es haber acentuado el matiz ético y acentuado el interés religioso otorgado al trabajo. Siendo cierta la importancia concedida en la Reforma a esta cuestión, tampoco cabe olvidar como dice José M. Castillo que Luthero incurrió en errores teológicos y sobre todo sociales (su posición a favor de los señores feudales en su lucha guerra frente a los campesinos), aunque acertó, dice José M. Castillo, al presentar una forma de entender la religión y la ética que hoy necesitamos más que nunca. Pese a lo que se dice en este artículo, quizá habría que contrastar la afirmaciones de Weber con las de Tocqueville sobre cómo se vive el catolicismo en este aspecto en Estados Unidos, y la influencia positiva de la religión en un entendimiento positivo de la profesión. En la vivencia de la “profesión como vocación", hay ejemplos rotundos dentro del catolicismo que no se apuntan en este artículo (el más conocido es el del Opus Dei). En todo caso, José M. Castillo termina con las siguientes palabras: “Pero las causas de la crisis no provienen sólo de la economía. La crisis también está motivada y potenciada por nuestra pésima educación ética en la responsabilidad profesional. Cuando en una sociedad hay tanta gente que alimenta la idea de ganar mucho trabajando lo menos posible, podemos estar seguros que a nuestros hijos y nietos les dejamos un país en el que cada día habrá más desempleo, más corrupción y sobre todo más desvergüenza”
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Salir de la crisis: la profesión como vocación (José M. Castillo, Ideal, 11 de noviembre de 2009)