|
Gürtel, políticos y jueces (Gabriel Albiac, en ABC, 12 de abril de 2010) Para Albiac, la Constitución de 1978 era, técnicamente hablando, una Constitución provisional, para unos tiempos que no podían juzgarse definitivos. Fosilizó. Y con ella, nosotros. Lo de ahora nace en eso. Y todo se cruza en Gürtel. Señala que se cruza la pesada evidencia de que bastaría una contabilidad precisa de gastos e ingresos en todos -todos- los partidos parlamentarios para que sus responsables acabaran en el banquillo. Y sigue: “Quien introdujo en la Constitución la norma que atribuía a las autoridades municipales la regulación del suelo edificable, sabía muy bien lo que estaba haciendo. Luego, las vías de financiación se refinaron mucho. Y todos los partidos -todos- saben lo que pasaría si sus contabilidades fueran seriamente auditadas. Cada uno de ellos trata de amagar en ese campo contra el otro. Dentro de ciertos límites. Como aviso. También como herramienta en la cosecha del voto. Se cruza la pesada evidencia de que no existe en España soporte institucional de la división de poderes, desde que la Ley Orgánica de Felipe González puso en manos de los partidos la designación del Consejo General del Poder judicial y, con ella, la promoción profesional de los jueces. Garzón es la caricatura de lo que esa certeza desencadena. Que un juez intervenga las comunicaciones entre abogado y defendido, no sólo es un delito; es la destrucción del procedimiento judicial… Gürtel puede poner a este país ante un dilema trágico: anular el procedimiento contra sujetos muy verosímilmente culpables, además de moral y estéticamente repulsivos... O... ¿O qué? ¿Juzgar y condenar sobre una instrucción viciada, que cualquier tribunal internacional -Estrasburgo, sin ir más lejos- declarará nula? Todo se cruza en Gürtel. Financiación ilegal, y, con ella, prodigiosos enriquecimientos personales. Jueces que saben su carrera pendiente de simpatías políticas. Todo lo que define el fin de una época, el crepúsculo de una Constitución. Y la entrada en un período constituyente”. |
|
La Decadencia de Europa (José María Carrascal, La Tercera, ABC, 6 de abril de 2010) Se pregunta el autor si no está Europa condenada a desaparecer como protagonista de la Historia. Ala Cumbre del Clima en Copenhague donde, ante la cacofonía europea, norteamericanos y chinos tomaron por su cuenta las magras conclusiones alcanzadas. Y ahora es la crisis económica y el euro amenazado. Señala J.M. Carrascal tres síntomas que a su juicio evidencia la decadencia de Europa, de los pueblos y naciones que la componen: pesar de los muchos siglos sobreviviendo a sus desgracias, dice J. M. Carrascal, que esta vez, sin embargo, parece ir de veras. Son demasiados fracasos los que acumula una Europa que creía haber surgido de sus cenizas y aprendido de sus errores, para no volver a cometerlos uniendo a sus pueblos y creando una supernación al estilo de las más grandes, con un nivel de vida que fuera la envidia de todos. El fracaso de la construcción europea lo ve manifestado este autor en la falta de reacción en el conflicto de los Balcanes, dejando que fuesen los norteamericanos lo que vinieran a apagar el polvorín. Luego, ha sido la Cumbre del Clima en Copenhague donde, ante la cacofonía europea, norteamericanos y chinos tomaron por su cuenta las magras conclusiones alcanzadas. Y ahora es la crisis económica y el euro amenazado. Señala J.M. Carrascal tres síntomas que a su juicio evidencia la decadencia de Europa, de los pueblos y naciones que la componen: - El descenso de la natalidad, con el consiguiente envejecimiento y el peligro de la extinción a largo plazo. - La eliminación del servicio de las armas obligatorio, que recuerda fue instituido por la Revolución Francesa, no como deber, sino como derecho ciudadano. Eliminándolo, dice, se ha cerrado el mayor lugar de encuentro de todas las clases sociales de un país. - Por último, la creación de una sociedad de ocio, donde la diversión y la molicie son más importantes que el trabajo o el estudio. El «pan y circo» de los romanos. Esas tres condiciones se dan en la Europa actual. En cambio, la cultura que nació en Grecia y emigró a Roma, para ir saltando de país en país europeo, cuando el anterior agotaba su ciclo histórico, se encuentra hoy mejor representada en Estados Unidos que en ningún otro. Allí, dice J. M. Carrascal, al menos se cultivan como en ninguna parte la ciencia y el arte que nacieron hace 26 siglos en Grecia, y gracias a ellos la democracia ha sobrevivido en el mundo. |
|
|
Aborto y Constitución (José Miguel Zugaldía Espinar, publicado en Ideal) En el Boletín Oficial del Estado de 4 de marzo de 2010 se publica la Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo. Advierte el profesor Zugaldía de que el legislador español ha tenido la originalidad de copiar el sistema alemán, pero lo ha copiado mal. Recuerda que el Tribunal Constitucional alemán (sentencia de 28 de mayo de 1993) consideró que el sistema de asesoramiento podía ser conforme con la Constitución alemana (prácticamente coincidente en este tema con la española), afirmando que para el Estado proteja la vida humana ates del nacimiento, no es necesario que castigue a la madre que aborte, bastando con que intente disuadirla para que no lo haga(“se trata de proteger la vida del no nacido con la voluntad de la madre, no contra su voluntad”). Señala el profesor Zugaldía que al mismo tiempo precisa el Tribunal –y esto es lo que no ha tenido en cuenta el legislador español- que si el Estado renuncia a comprobar en el caso concreto si en el aborto concurre una situación real de necesidad y conflicto, el aborto, auque no sea punible continuará siendo antijurídico y, por consiguiente, salvo que la mujer carezca totalmente de medios económicos, no podrá ser sufragado por el servicio público de salud. Esto supone al menos, en opinión del autor, la inconstitucionalidad del artículo 19 de la Ley Orgánica comentada. Leer más |
|
Vuelta a Miau (José Eugenio Soriano, Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Complutense de Madrid, en El Economista.es) Dice el autor que hay que leer a Pérez Galdós, que está más vivo que nunca. Propone que leamos la novela Miau para entender “lo que el engendro de la Ley del Empleo Público, aprobada por esta legislatura, ha acabado realizando, nada menos que la destrucción completa de la Función Pública”. Más claro no puede ser, al señalar que se han multiplicado las sociedades públicas, fundaciones, consorcios y otras entidades. José Eugenio Soriano considera escandaloso comprobar en decenas de ayuntamientos cómo se han ido incluyendo en sus plantillas toda clase de amigos y parientes, que tras un contrato laboral adjudicado directamente, luego se han quedado para siempre en el Ayuntamiento. Y lo peor, dice, es que además, “se han incorporado tantos y tantos personajillos cercanos al alcalde y partido de turno, que lo único que no se les ha pedido es que tengan un mínimo de calidad y de conocimientos para atender al servicio”. Todo esto, “mientras los funcionarios de verdad, aquellos que con transparencia y basándose en su esfuerzo y conocimientos accedieron a los puestos públicos, son en muchísimas ocasiones totalmente relegados, cuando no menospreciados”. Advierte este autor que la característica del empleo público, especialmente desde que se aprobó la nefasta Ley de Empleo Público, ha consistido en lo fundamental, en seleccionar al personal mediante una entrevista en la que quien toma la decisión es el Partido y el Sindicato. Nada de pruebas objetivas, competitivas, transparentes. No. Los amigos. La cohors amicorum. Hoy, señala, el empleado público no es otra cosa que un funcionario mal seleccionado por partidos y sindicatos. Una vez que sin pruebas públicas- dado que lo fundamental es una “entrevista”- se incorpora un empleado público, luego se queda ahí, de por vida, como un estómago agradecido a quien le nombró, siendo a la vez espía e inútil. José Eugenio Soriano considera que “lo que es perverso y corrupto es designar a empleados digitalmente, esto es, por el dedo”. Y eso es lo que está ocurriendo. Describe cómo a menudo “se han burlado los políticos de los pobres opositores, convocando una oferta en la que ya estaba la plaza dada o, inclusive, filtrando el examen, con escarnio de quienes han estado trabajando honradamente estudiando los temas. Luego, ninguno entra”. Luego describe la fórmula: se entra como se entra y andando el tiempo “se convoca un concursillo en el que llevas ya una mochila, esto es, un saco de puntos frente al que pretende venir de fuera”. Termina su artículo destacando que, por si fuera poco, cuando ya no caben en la Administración más enchufados, porque algún periodista comienza a poner el grito en el cielo, entonces se crean empresas públicas y ahí, así, sin luz ni taquígrafos, se hace lo mismo. ¡Y en eso estamos! El pensamiento débil (imbecilitas en latín) y la corrupción han ido de la mano. Se nos ha caído la función pública. Y solamente un pacto de Estado podría recuperarla. Pero eso es un sueño… |
|