Bolonia y los
estudios de Derecho
Francisco Sosa Wagner
…esta
dimensión de la reforma nada tiene que ver con la entrega del diseño de las
titulaciones y de los planes a las más de cincuenta Facultades españolas, es
decir, a sus profesores y catedráticos y a sus descoloridos órganos de gobierno…
Se suprimen asignaturas, se aumentan o se reducen horas lectivas en cambalaches
de pasillos y en trueques de favores o en intercambio de venganzas. Así estamos
y es bueno que lo sepan quienes me lean y viven al margen de este zoco.
Francisco Sosa Wagner denuncia el desaguisado (o quizá el “guiso”) que se
está produciendo en la reforma de los planes de estudios de Derecho con el
pretexto de las directrices de Bolonia y ello con el “silencio ominoso del
Ministerio de Justicia y de los colegios profesionales, de abogados, de
notarios etc., así como de las asociaciones de jueces y magistrados”. De su
artículo extractamos lo siguiente:
*… En las
Facultades de Derecho españolas somos muchos los profesores discretos, con años
de ejercicio y con un abultado currículum, que no damos crédito a lo que vemos.
De nuevo estamos presenciando una reforma que se lleva por delante planes,
títulos, contenidos de las asignaturas, en medio de la opacidad que proporciona
un lenguaje cabalístico, preñado de una palabrería tan esotérica que llega a
ser cómica: hay cientos de protocolos, evaluaciones, autoevaluaciones,
habilidades, competencias, destrezas: un festival inventado por pedagogos a la
violeta…
Porque ha de saberse que lo que
Bolonia significa no es aceptado o es ampliamente discutido en países que
merecen mucho crédito. En tal sentido, se conoce poco que en el documento
firmado por los partidos cristiano-demócrata y social-demócrata para la
formación del actual Gobierno alemán, en ese mismo importante y solemne
documento, se rechaza “Bolonia” para los estudios de Derecho en las Facultades
alemanas: “la formación de los juristas -puede leerse- ha de acomodarse a las
exigencias de las profesiones jurídicas. Como no se advierte una necesidad en
tal sentido, los partidos firmantes rechazan la incorporación del proceso de
Bolonia a la formación de nuestros juristas”…
Resulta triste decirlo, y más
para quienes humildemente luchamos contra las autoridades franquistas en el
último tramo de la vida de la dictadura: había más vida en las juntas de
Facultad de aquella época que en las de ahora. Infinitamente mayor conciencia
pública, mayor valentía y mayor audacia. ¿Cómo es posible que la democracia
haya tenido este efecto narcótico?
Y, por lo que se refiere a los
estudios de derecho, silencio ominoso del Ministerio de Justicia y de los
colegios profesionales, de abogados, de notarios etc., así como de las
asociaciones de jueces y magistrados. ¿Es que no interesa a ninguno de ellos
cuál sea la formación de los juristas? Muy en especial, me dirijo al Ministerio
de Justicia ¿puede sin más desentenderse de lo que se va a enseñar en las
facultades de Derecho? Pero ¿cómo es posible una indiferencia tan frívola?...
Pues bien, de Bolonia viene
ahora de nuevo un cambio en los métodos. Se trata de que docentes y discentes
trabajen más y lo hagan en seminarios, en clases prácticas, en sesiones de debate … Todo ello debe destronar la “clase magistral”, lo
cual no quiere decir exiliarla porque, aunque parezca una exageración, aún
quedan “maestros” en las Facultades de Derecho. Pocos pero quedan. Tales
innovaciones han de ser bienvenidas y ni siquiera los viejos nos oponemos a
ella, conscientes como somos de que nuestro trabajo tradicional se encuentra
obsoleto desde hace muchos años, yo diría que desde Gutenberg.
Ahora bien, esta dimensión de
la reforma nada tiene que ver con la entrega del diseño de las titulaciones y
de los planes a las más de cincuenta Facultades españolas, es decir, a sus
profesores y catedráticos y a sus descoloridos órganos de gobierno. Porque es
de advertir a quienes viven fuera del “alma mater”
que en ella cada centro universitario se dispone a aprobar en los próximos
meses las reglas por las que se van a formar generaciones y generaciones de
jóvenes licenciados en Derecho y lo hace prácticamente de manera libre (fuera
de unos burocráticos controles a posteriori), guiados por una única brújula:
los intereses individuales de los profesores -y de los estudiantes- que
colaboran en estos desaguisados. Se suprimen asignaturas, se aumentan o se
reducen horas lectivas en cambalaches de pasillos y en trueques de favores o en
intercambio de venganzas. Así estamos y es bueno que lo sepan quienes me lean y
viven al margen de este zoco.
Es decir, podríamos decir que,
por un lado, hay Bolonia y, por otro, la variante española, que llamaremos de Chamberí, y que abarca todo aquello que se ha metido de
matute por nuestras autoridades en el ambicioso plan de creación del espacio
europeo. Pero de verdad ¿qué espacio europeo puede crearse cuando los planes de
las Facultades de Derecho son distintos entre Valencia y Castellón, Sevilla y
Córdoba, Santiago y
Es hora de detener esta alocada
carrera y autoridades para ello no nos faltan. Y es la hora llegada asimismo de
formar una Comisión de juristas, todos de avanzada edad y sin intereses
directos implicados, procedentes de las distintas profesiones jurídicas
(catedráticos, abogados, magistrados, notarios …), para que formulen un plan
uniforme y mínimo destinado a la formación de los licenciados en toda España.
La única desgracia que le falta a
El Mundo, 16 de diciembre de 2008