Repsol, mejor el Estado que Lukoil

Miguel Boyer Salvador

 

Jugar con las reglas de un liberalismo puro, como si el sector de la energía estuviese compuesto por pequeñas empresas en libre competencia, en vez de ser un oligopolio de gigantes operando en un mercado que explota recursos naturales limitados y que, desde su origen a principios del siglo XX, ha sido un factor clave geopolítico, es un juego de una candidez inusitada.

 

 

Considerando el peso de Repsol en el mercado español de hidrocarburos líquidos, butano y su control en Gas Natural,  Miguel Boyer defiende en un artículo de Opinión en el País la vuelta de la participación pública en Repsol,  recordando que en Francia e Italia existe presencia estatal en empresas similares. En este sentido argumenta que la posible adquisición por parte de una empresa extranjera de un paquete de acciones con peso decisivo para la gestión de Repsol es negativa para los intereses de la industria española. Particularmente, considera que sería un error permitir que Lukoil tomara el control sobre Repsol a un precio muy bajo (la cotización actual en Bolsa de Repsol se explica por la coyuntura); máxime si esta adquisición se produce para solucionar un grave problema de endeudamiento del accionista principal de Repsol  -Sacyr Vallehermoso-, un hecho ajeno a la estructura de la propia Repsol. 

De su artículo extractamos lo siguiente:

*Repsol es uno de los éxitos más indiscutibles y más relevantes de los que ha generado la economía española a lo largo de muchas décadas. Lo es por su tamaño, ya que sirve un 60% del mercado español de hidrocarburos líquidos, el 80% del butano, y, además, controla a la importantísima Gas Natural, también dominante en su mercado. Y lo hace con una eficiencia que puede compararse perfectamente con la de sus homólogas europeas.

Si Repsol pasase a ser controlada por una empresa extranjera, considerando que las otras empresas que tienen refinerías en España -Cepsa y BP- son filiales de gigantes foráneos, el fundamental sector del petróleo quedaría no sólo sin un “campeón nacional”, sino, incluso, sin empresas industriales españolas.Y esto sería así no por la ineficiencia de sus trabajadores y técnicos, o porque su balance y su cuenta de resultados sean insostenibles, sino p or un grave problema de endeudamiento de su accionista principal -Sacyr Vallehermoso-, un hecho que por tanto es ajeno a la estructura de la propia Repsol…

Pero hay que señalar, también, que España ha ido a la privatización de empresas con una ingenuidad excesiva respecto a las prácticas de sus vecinos de la Unión Europea (con la excepción del Reino Unido). En efecto, tanto Francia, en Electricité de France, e Italia, con Enel y con el ENI, han mantenido participaciones estatales determinantes, para orientar la gestión de sus grandes empresas del estratégico sector de la energía en el sentido de los intereses nacionales. Jugar con las reglas de un liberalismo puro, como si el sector de la energía estuviese compuesto por pequeñas empresas en libre competencia, en vez de ser un oligopolio de gigantes operando en un mercado que explota recursos naturales limitados y que, desde su origen a principios del siglo XX, ha sido un factor clave geopolítico, es un juego de una candidez inusitada.

Entre los países que más utilizan sus fuentes de energía y sus empresas gigantescas para presionar y obtener ventajas políticas, tanto internas como en el campo internacional, campea y reina hoy, sin muchos rivales, la Rusia de Putin y de los oligarcas …

Es inverosímil creer que, si Lukoil tomase el 29,9% de Repsol, se podría mantener indefinidamente el actual tope del 10% para el derecho de voto que hoy rige en las juntas generales de Repsol…

Este absurdo no debe consentirse por el Gobierno español. Es evidente que el Gobierno y los bancos deben contribuir a resolver el problema de endeudamiento Sacyr Vallehermoso,…

Si no se encontrase una solución, que sería lo más sencillo, para el problema de la deuda de Sacyr -que se convierte en un problema sobre el control de la estratégica Repsol-, el Gobierno no debería mantenerse en la pasividad frente a un asunto de tal trascendencia, con la cantinela de que "es un asunto entre empresas privadas".

No sería absurdo, en absoluto, que el Estado asuma la participación accionarial en Repsol que pretende Lukoil, comprando a un precio razonable.A la vista de la presencia estatal en las empresas europeas del sector de la energía, la vuelta parcial del Estado a Repsol no sería una anomalía, sino que corregiría la ingenuidad en que se incurrió con su privatización total. Y, si dentro de tres o cinco años el Estado decidiera deshacer la compra, probablemente haría un buen negocio.

Tras el paso de Endesa a manos de Enel, si, además, se produjera ahora la toma de control de Repsol por Lukoil, ello pesaría muy negativamente en el juicio final sobre la política industrial y la política frente a la crisis actual de la etapa de Rodríguez Zapatero.+

Miguel Boyer Salvador, ex ministro de Economía y Hacienda

El País, Tribuna, 28 de noviembre de 2008