Cuadro de texto: Armando Segura repasa doce “puntos calientes” que en su opinión exigen un cambio o recomposición profunda, entre ellos los de educación, Ley Electoral, política exterior, Administración de Justicia y Asuntos religiosos. Reproducimos a continuación, textualmente, su artículo de opinión:

«Hace mucho que uno no es catastrofista y que ni la desertización, ni el incremento del cáncer o del consumo de cocaína, le deprimen. Tal vez sea debido al convencimiento de que no es la depresión la herramienta más adecuada para recomponer lo descompuesto.

Lo cierto es que los países como las personas, deben de cuando en cuando retirarse fuera del ruido que procede de las urgencias del presente inmediato. Es una medida higiénica de primer orden que libera para poder analizar lo pasado y proyectar sosegadamente el futuro. Luego, se vuelve descansado y con mejores ideas.

Treinta años desde la muerte del Caudillo, han dado de sí una Constitución y una transición una estabilidad y un estado de bienestar. Todos estos logros positivos han sido posibles, como es de general reconocimiento, por el consenso de todas las fuerzas políticas.

De pronto se ha introducido un desasosiego que impregna la conciencia ciudadana. Es la sensación de que todo está por hacer y que hay necesidad de cambio. Son 33 años desde el 20N y la conciencia de cambio, por unas razones u otras es unánime.

En opinión hay doce 'puntos calientes', por lo menos, que exigen una recomposición en profundidad. No valen los parches ni las chapuzas porque se trata de grietas por donde se cuela el frío y las influencias víricas que pueden dar fiebre alta.

1. La educación.
Es evidente, obvio, patente desde dentro y desde fuera que la política educativa desde la Transición ha ido a peor. La razón no es otra que el miedo que tienen los políticos a pedir esfuerzo, a exigir niveles de calidad y a establecer unos planes educativos duraderos. La exigencia debe incidir sobre todo en la enseñanza primaria. No sea que alguien pueda pensar que estamos formando ovejas apolíticas que prefieren el St. Andrews o el Secon life a la vida real. En ella son muy legales y obedientes.

2. La Ley electoral.
El 90% de los españoles están de acuerdo como evidencia matemática que nuestra Ley Electoral, fruto de las necesidades del consenso, es radicalmente injusta y es injusta por irracional. No tiene ningún sentido que minorías que están en el filo del 4% del censo electoral decidan la política de todo el país y demás le nieguen al resto, la capacidad de decidir sobre su propio territorio.

3. La política exterior.
La política exterior es competencia del Gobierno y los gobiernos cambian pero hay un deber de todos los gobiernos de defender la identidad nacional fuera y dentro del país.

Se puede bandear más hacia la derecha o hacia la izquierda, pero hay un interés del todo político por encima de las querencias ideológicas. Es de sentido común. En este punto Felipe González lo tenía.

4. La Administración de Justicia.
Tenemos la sensación de jueces y fiscales dependen demasiado del Ejecutivo. La justicia es lenta y los escándalos que se descubren tienen un significado político. El protagonismo debiera ser causa de suspensión de funciones. Por otra parte la tendencia a sustituir la ley por el 'arreglo' o transición debe ser controlado. La devaluación de la legalidad equivale a la legalización de la corrupción.

5. La igualdad ante la ley.
Plantear como un punto caliente esta cuestión debiera ruborizarnos. Sin embargo por razones de 'humanización política' se practica sistemáticamente la discriminación positiva. La igualdad se entiende como igualación de los desiguales, es decir como injusticia. Las minorías no tienen porque tener más derechos que las mayorías ni por el hecho de ser tullido merezca uno un ministerio o un puesto en un Consejo de Administración.

6. Los derechos humanos.
Tenemos claro que son los derechos humanos que nos capacitan legalmente como personas. El problema está en resolver por ley quien es persona. Algo así como cuando se decretó en la Dictadura que el kilo de pan, 'debía' tener ochocientos gramos. Es persona todo aquel organismo viviente que si le dejan vivir aprenderá inglés o en su momento pudo aprender inglés. ¿Tan difícil es? No se puede clonar personas y traficar con sus órganos, no se puede eliminar ancianos o subnormales, no se puede ser comprensivo con la eliminación de fetos de ocho meses. Si lo hiciéramos no nos diferenciaremos de Herr Hitler y Herr Eichman.


7. Los asuntos religiosos.
La libertad de conciencia no significa que deba dejarla enfriar en el frigorífico cuando salgo a la calle. Mi conciencia me acompaña donde quiera que vaya. Las iglesias y las comunidades e instituciones religiosas tiene derecho a una protección del estado en el ejercicio de sus derechos siempre y cuando respeten la Constitución y las leyes. La educación religiosa es un bien que el estado debe proteger puesto que le ahorra cárceles, psiquiátricos, hospitales, centros educativos y un largo etc. Ridiculizar la religión o discriminar a los creyentes es un ataque a la igualdad de todos ante la ley. Una salvedad: No se debiera permitir el culto de aquellas religiones que no admiten el régimen de reciprocidad en sus países de origen.


8. La organización militar.
El Ejército en todos los países del vasto mundo es una pieza constitucional clave, porque es el poder físico del Estado para defender las fronteras e impedir toda agresión exterior. Países tan democráticos como Francia, Inglaterra o Canadá, se enorgullecen de su ejército porque independientemente de su función material, tienen una función simbólica, representan a la nación que defiende y por eso el Jefe del Estado, en España el Rey, es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

9. Los medios de comunicación.
La bioética tiene una faceta insospechada. ¿No hay una “medioética” o ética de los medios? Porque no puede en absoluto ser la suprema instancia la capacidad física de poder decir lo que le salga a uno del cuerpo. Los medio, en España, son innumerables, pero hay una conciencia general de la existencia de una autocensura permanente. No es lógico que todos digan prácticamente lo mismo, no es lógico que los telediarios nacionales sustituyan las noticias por sucesos, no es lógico que las cadenas nacionales de televisión apenas se diferencien. La masificación de medios de comunicación oculta la enorme selectividad de unos pocos medios que más que reflejarla “orientan” la opinión pública. O lo que se entiende hoy por «empresas de opinión».


10. La política de inmigración.
La inmigración tiene que ser selectiva y la necesaria a nuestra demografía y al mercado de trabajo. Lo que pase de ahí revierte en un perjuicio ahí bien común del país. Al español en general no le sale el racismo. Somos un pueblo acogedor y hospitalario sí los hay, pero debemos exigir un comportamiento civilizado de los inmigrantes. 


11. La reforma constitucional.
Es posible que sea la menos necesaria y la insistencia en este punto pudiera ser la tapadera para escenificar grandes cambios y no cambiar nada. Hay alguna cuestión puntual como derogación de la Ley Sálica de modo que las féminas puedan acceder a la Corona. No está de más hacer hincapié en la libertad de enseñanza, la libertad religiosa y la prohibición del monopolio en los medios. Podrán también incorporarse alguno de los puntos anteriores que no son coyunturales sino constitutivos.

12. La seguridad ciudadana.
En todo el mundo se siente la necesidad de una mayor protección de la libertad de los ciudadanos. La gente se queja de la frivolidad de algunas autoridades, del no emplearse a fondo, de la lenidad de los jueces, de soltar a enfermos que no son capaces de controlarse. Detrás de este asunto hay una cuestión ideológica, que tiene que ver con la discriminación positiva. «Los criminales en el fondo son unos desgraciados; bastante tienen, no los hagamos más desgraciados aun, no criminalicemos a los criminales». Por muy cierto que son unos desgraciados y que son los que más padecen, la autoridad tiene unos deberes con el bien común. Por otra parte si no diferenciamos en asuntos tan evidentes lo que está bien de lo que está mal ¿De qué nos sirve llamarnos civilizados y alcanzar una renta per cápita superior a casi todos los países?

Reconozco que hay más puntos “calientes” en nuestra realidad actual como nación. Incluso nuestra identidad como tal sea el más fundamental. Dejémoslo para más adelante.»

Armando Segura
Ideal, 8 de enero de 2008.


Cuadro de texto: Dodecálogo de la recomposición de España 
Armando Segura 
Cuadro de texto: La educación religiosa es un bien que el estado debe proteger puesto que le ahorra cárceles, psiquiátricos, hospitales, centros educativos y un largo etc. Ridiculizar la religión o discriminar a los creyentes es un ataque a la igualdad de todos ante la ley.