Cuadro de texto: Ahora que se ha de negociar un nuevo sistema de financiación reaparece la espinosa cuestión de las balanzas fiscales. Éstas pueden ser un instrumento de transparencia; el problema es el método que se siga para conformarlas y, sobre todo, la confusión sobre su significado. Ningún territorio puede autolimitar la solidaridad, cuyo garante es el Estado. 
En cualquier caso, aun en tono muy reivindicativo, Duran I Lleida evidencia un planteamiento más sereno y sensato que el de otros dirigentes. Ésta es la opinión del autor:
«(…) Tal vez antes, durante la lucha por las libertades personales y nacionales bajo la dictadura, se nos admiraba. Ahora parece que no. El pecado es haber intentado conseguir un Estado común y compartido que pusiese fin a la habitual desinversión en Cataluña. Y no por ningún afán de gastarnos los dineros expoliados en cuestiones identitarias, sino sólo con la vana y fútil pretensión de lograr que el Estado nos proveyese de las mismas autovías que al resto de España, o que el aeropuerto de Barcelona (que tampoco es competencia del Gobierno catalán ni responde a sus decisiones) tuviese una capacidad de desarrollo similar a la que generosamente invierte el Estado en el aeropuerto de Madrid o que los enfermos catalanes -y cuantos pacientes de otros territorios acuden aquí para su tratamiento- recibiesen en términos reales las mismas prestaciones y dotaciones económicas que en las restantes autonomías.
Se ha hecho mucha demagogia, sumamente injusta, en relación a las reivindicaciones de Cataluña. Una forma de acabar con las percepciones subjetivas consistiría en la publicación de las balanzas fiscales. En Alemania, por ejemplo, las transferencias entre los lander son públicas y conocidas al céntimo, y no por ello se ha quebrado la solidaridad interterritorial; muy al contrario, su conocimiento permite sentar las bases del debate no en las percepciones subjetivas sino en la objetividad de los datos. Más triste aún: cuando desde Cataluña clamamos por un trato digno, el partido de la oposición de turno -ora el PP, ora el PSOE- siempre añade "percepciones" demagógicas a la cuestión, no tanto por las reivindicaciones catalanas en sí, sino como ariete de desgaste al ejecutivo gobernante. Nadie, en ningún momento, tuvo la decencia de examinar sin aspavienCuadro de texto: tos ni rasgaduras aquello que se pedía una y otra vez. El nacionalismo catalán, sin embargo, demostró una responsabilidad y un sentido de Estado que, se quiera o no, nadie puede negarnos sin enrojecer. De hecho seguimos demostrando un sentido de Estado que otros no tienen. ¿O no son el PP y el PSOE quienes están poniendo patas arriba pilares institucionales como el CGPJ o el mismo Tribunal Constitucional?
Y ahí están los datos: la inversión del Estado en Cataluña nunca se ha aproximado al monto que representa nuestra aportación al PIB estatal ni al porcentaje de personas que habitan en Cataluña. La desinversión del Estado en Cataluña ha sido constante y continuada, tan compartida por unos y por otros que casi parece la única cuestión en que PP y PSOE han podido llegar a un acuerdo estable. Y mientras ello sucede, los datos disponibles arrojan asimismo un déficit fiscal entre Cataluña y el Estado injusto e inaceptable.
Respeto a quien opina que tal vez ahora los catalanes no seamos el ejemplo de progreso y libertad que suponíamos para el resto de España bajo Franco, pero no por ello hemos dejado de ser objeto de imitación constante. Todo el sistema autonómico, incluida su financiación, no es sino resultado del impulso catalán. Y duele que seamos nosotros quienes debamos lidiar con la cicatería del Estado, mientras unos y otros, por turnos, braman contra la quiebra de España y el desguace estatal en manos de los catalanes, para luego, acto seguido, en una muestra de admiración suprema, apuntarse raudos a las mismas reivindicaciones. Sólo que con más éxito y menos sentido de Estado.»
El País, Tribuna, 
5 de noviembre de 2007.








Cuadro de texto: ...Se ha hecho mucha demagogia, sumamente injusta, en relación a las reivindicaciones de Cataluña. Una forma de acabar con las percepciones subjetivas consistiría en la publicación de las balanzas fiscales. 
Cuadro de texto: Percepciones objetivas sobre Cataluña
Josep A. Duran I Lleida