Cuadro de texto: Tras aludir a pruebas palpables sobre cómo yerran algunos científicos esto advierte el autor:
« (…)  Podemos, pues, desconfiar de muchos estudios y teorías, que sólo demuestran la ingenuidad, los prejuicios o la subjetividad interesada de quienes los han llevado a cabo.
Pero si todo lo anterior ocurre en la Ciencia, a la que se considera modelo de objetividad, ¿qué no ocurrirá en otros campos de quehacer humano? Así, en el Derecho, algo crucial y que, de una forma u otra, nos afecta a todos. Me pregunto si existe realmente la Justicia, o si ésta es ciega, pero ciega de verdad, o sea, que daría palos a oscuras, liberando a culpables y criminalizando a inocentes, ordenando injusticias, haciendo justicia a destiempo...
Me temo lo último. Los espíritus bien pensantes, esos que están satisfechos, afirman que un juez siempre tiene medios para conocer la verdad, aunque traten de engañarlo, turbarlo, usarlo, confundirlo o torcerlo. Así me lo expresó en público hace unos meses una importante señora política. Y es que la gente necesita dormir tranquila.
Pero lo que uno ve y siente y experimenta es que la injusticia campa a sus anchas. Muy pocas veces se hace justicia como muy pocas veces se hace ciencia. Triunfan las apariencias, los prejuicios, el subjetivismo, mientras los hechos reales quedan enterrados en el misterio, el desconocimiento o la ocultación.
Porque lo que resulta innegable es que tanto en la Ciencia como en el Derecho hay siempre una verdad. Una verdad que es compleja, con aristas, difícil de aprehender, pero una verdad al fin y al cabo, una verdad a la que no se puede renunciar.
Hay que luchar por esa verdad. Pero la Cuadro de texto: única forma es no tener miedo de oponerse a lo admitido; no someterse jamás a presiones ni expectativas; basarse siempre en experimentos contrastados o en pruebas irrefutables.
Mientras tanto, pongamos a funcionar nuestro sentido común. Si miramos con libertad, en el fondo de nosotros mismos podemos vislumbrar lo que es falso o injusto. Usemos, pues, nuestro derecho a recelar de lo que nos dicen, nos anuncian, nos predican, nos bombardean. Si usted es una mujer sin curvas o un hermano menor, no se crea la memez científica de que es menos inteligente. Si tiene un contencioso con alguien, no crea que los tribunales van a resolvérselo. Puede que, contra toda evidencia, lo declaren culpable, y todo seguirá igual que antes, pero peor, porque no se sale indemne del laberinto del Derecho.
Los científicos tontos, los políticos tontos y los jurisconsultos tontos quieren darnos a entender que sus conclusiones son exactas. Falso. Sólo lograremos aproximarnos a la objetividad cuando los científicos estudien las leyes de la ciencia, y los jueces, la ciencia de las leyes. Pero muy pocos son los que reflexionan sobre ello, creyendo, por el contrario, en la infalibilidad de sus juicios. La historia se encarga siempre de ponerlos en su sitio, pero, mientras tanto, millares de hombres y mujeres han quedado triturados por falsos diagnósticos.
No desoigamos, pues, nuestras intuiciones. En este estado de cosas, sólo ellas pueden aproximarnos a la verdad. Ellas velan por nuestra integridad y autoestima. El resto son apariencias, salvo los contados casos en que interviene Científicos y Jueces con mayúsculas. Se les reconoce porque son los únicos que saben que la Ciencia y el Derecho son una misma cosa. Y no se dejan cegar por ninguna de las dos.»
Tribuna Abierta, Ideal, 
26 de noviembre de 2007.
Cuadro de texto: Pero lo que uno ve y siente y experimenta es que la injusticia campa a sus anchas
Cuadro de texto: LA CIENCIA Y EL DERECHO
Gregorio Morales