Cuadro de texto: Analiza el autor la problemática generada por la expansión horizontal de las ciudades, que ha generado problemas de movilidad, grandes costes de mantenimiento de servicios, agotamiento de suelos, etc. Así lo expone:
«Cuando se está en la política al más alto nivel es raro escuchar declaraciones valientes sobre estrategias necesarias que pueden ser impopulares y se topan con prejuicios y estereotipos acuñados desde hace mucho tiempo, de los que todos hemos participado. Estoy refiriéndome al modelo de desarrollo urbanístico y a la expansión horizontal de las ciudades con edificaciones de escasa altura; bello ideal de otros tiempos que  hoy se topa de bruces con la cruda realidad que nos toca vivir, esto es, el crecimiento urbano desordenado, el denominado “sellado” del suelo y la existencia de grandes problemas de movilidad, daños medioambientales y costes económicos desorbitados que acaban repercutiendo sobre todos los ciudadanos.
    Edificios con unas cuantas plantas han sido, sin más, motivo de manifestaciones y movilizaciones porque no encajan en el modelo tradicional de construcción de baja densidad al que estamos acostumbrados. Pero resulta que lo que en otro tiempo nos parecía “bárbaro” hoy forma parte de la solución, siempre y cuando se acompañe de las zonas verdes y equipamientos que necesita un nuevo modelo de ciudad.
    Hace ahora un año decía Concepción Gutiérrez, Consejera de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía, que el planeamiento de los años  noventa fue fundamentalmente desarrollista. Ahora, señala con razón, estamos en una situación de preocupación por el Planeta, por la sostenibilidad, por la escasez de los recursos naturales... La sociedad demanda otra cosa. Nadie pensaba entonces que ése era un modelo que llevaba a muchas familias a tener tres coches, a un modelo de desarrollo no sostenible que choca con las estructuras de nuestras ciudades. La apuesta –dice- es un modelo con “unos servicios públicos muy potentes y garantizados, en el que las ciudades estén definidas con un principio y un fin, con barrios estructurados en los que la convivencia sea buena porque existe una oferta de servicios al alcance de la mano”. Reconoce la Consejera que el modelo de los noventa llevó a pensar que las circunvalaciones podrían absorber todo el transporte generado por la necesidad de movilidad. Ahora toca propiciar la concentración de equipamientos y vivienda, “pero con grandes espacios libres”, no se trata de “apelmazar, de crecer en vertical y olvidarnos del resto”. De lo que habla la Consejera de Obras Públicas y Transportes de La Junta de Andalucía es “un diseño tradicional de pisos con cuatro o cinco plantas, con patios interiores y piscinas comunes, que permitan la existencia de comercios y hacer la compra sin necesidad de coger el coche” (en respuesta a la entrevista de J. Chaparro publicada en los diarios del Grupo Joly el 9 de diciembre de 2006) .  
   La pena es que hayamos consumido casi tres décadas para darnos cuenta de que el rumbo marcado por la Constitución al aludir al deber de los poderes públicos de velar por la utilización racional de todos los recursos naturales debía ser otro. El error cometido al rechazar la construcción en vertical y admitir sin freno la expansión horizontal de las ciudades forma parte de ese rumbo erróneo que ha llevado al agotamiento del suelo en algunos municipios, a su encarecimiento y a la conversión de la vivienda en un bien de lujo y altamente atractivo para la especulación. Una situación en las antípodas del mandato constitucional contenido en los artículos 45 y 47 de la Constitución.
    No se trata, naturalmente, de dar rienda suelta a construcciones tan altas como las Torres Petronas, no se trata de que los edificios crezcan como las habichuelas mágicas de Periquín y, trepando, trepando, sube que sube, lleguemos al país desconocido.
    No apostamos por los “supertalls”, sencillamente, tenemos que liberarnos de nuestros prejuicios, porque la edificación en altura, que en otra época se nos antojaba inaceptable, es hoy necesaria, siempre dentro de unos parámetros equilibrados.
   No hacen falta informes como el que recientemente ha elaborado la ONU, alertando sobre la desenfrenada especulación urbanística en España. Lo hemos visto con nuestros propios ojos y había motivos para rectificar hace diecisiete años, cuando se publicó el Libro Verde de 1990 sobre el medio ambiente urbano. En el seno de la Unión Europea han sido numerosos los instrumentos invitando a realizar una política urbana racional y sostenible que preserve el medio ambiente y la calidad de vida de los ciudadanos. En este contexto, la Comunicación de 1997 ("Hacia una política urbana para la Unión Europea”) y la Comunicación de 1998 ("Marco de actuación para el desarrollo urbano sostenible en la Unión Europea”) son ya elocuentes sobre la necesidad de un nuevo planteamiento que, sin renunciar a la prosperidad económica de las ciudades, apuesta por la regeneración de las zonas urbanas y mejora del medio ambiente urbano. Los mismos objetivos que hoy sirven para a la estrategia marcada por la Unión en esta cuestión, todos ellos interdependientes (v. Comunicación de la Comisión, de 11 de enero de 2006, sobre una Estrategia temática para el medio ambiente urbano).
   Entre dichos principios está el del promover modelos de asentamiento que usen eficazmente los recursos, limitando la utilización de terreno y la expansión urbana. En efecto, la
Cuadro de texto: expansión urbana incontrolada se ha identificado como un gran problema, el más acuciante. Los estudios en el seno de la Unión constatan que las ciudades se agrandan invadiendo zonas rurales a un ritmo más rápido que el crecimiento de la población. Se están sustituyendo -y esto es apreciable en nuestro país- espacios agrícolas o zonas naturales de gran valor por urbanizaciones destinadas a viviendas de baja densidad o con fines comerciales. Lo que se nos dice es obvio y lo sufrimos a diario: La expansión urbana aumenta la necesidad de desplazamientos y la dependencia del automóvil, aumentando así la congestión del tráfico, el consumo de energía y las emisiones contaminantes. En términos de costes no hace falta ser un lince para atisbar lo que supone prolongar en amplias zonas con baja densidad de población los servicios de alumbrado, limpieza, recogida de residuos, etc. 
    Las ciudades extendidas horizontalmente de manera irracional son ciudades donde aumentan los problemas de transporte, donde la movilidad no es una opción del ciudadano, sino una necesidad que debe satisfacer a toda costa cuando está lejos de su trabajo y de los equipamientos educativos, deportivos, comerciales y de ocio. Las normativa de ordenación del territorio y urbanística deben contribuir a la denominada planificación sostenible, evitando la expansión incontrolada de las ciudades y el uso irracional del suelo. El rechazo de los efectos negativos de la expansión horizontal y la consideración de las nuevas orientaciones sobre la construcción de mayor altura no tienen que significar una ciudad macizada e irrespirable, ni tampoco la pérdida de identidad de la misma, sino que este nuevo planteamiento ha de permitir liberar espacios, preservar y aumentar las zonas verdes, y mejorar los equipamientos, contribuyendo a evitar la especulación sobre el suelo y el encarecimiento de la vivienda, sin detrimento del objetivo de la sostenibilidad medioambiental y la calidad de vida de los ciudadanos.»

José Luis Martín Moreno,
Liberlex, 2 de diciembre 2007 















Cuadro de texto: La ciudad en vertical  
José Luis Martín Moreno
Cuadro de texto: ...El modelo tradicional de construcción de baja densidad; la expansión horizontal desordenada es ya insostenible