Cuadro de texto: 	Se refiere el autor a la vinculación entre la educación y la libertad del pueblo y a la falta de rigor de los gobiernos de turno al afrontar el problema de la instrucción pública. Esto es lo que dice:
«TODA la prensa nacional española, más o menos ostensiblemente, ha publicado algo sobre el Informe PISA de la OCDE, donde aparece el nivel educativo de los alumnos andaluces como el más bajo de España; país que a su vez figura, en su conjunto, por debajo de la media europea. Concretamente, nuestro periódico IDEAL reseñaba la mala noticia bajo el título “El estudio educativo internacional más prestigioso suspende a España y da las peores notas a Andalucía”. Toma modernizaciones, Manolo. Estos demoledores datos estadísticos, no por esperados dejan de ser sorprendentes. Máxime cuando en algunos aspectos educativos, como puede ser la lectura y su digestión intelectual, vamos a peor. La verdad es que se ha liado una pequeña, y espero que fugaz, controversia retórica sobre este esencial aspecto relativo al nivel actual de la cultura española, considerando los más realistas, y por lo tanto pesimistas, que se trata de una catastrófica evidencia, suficiente para activar todas las alarmas posibles, mientras los optimistas, por la cuenta que les trae, replican que no es para tanto lo del ojo (y lo llevaba en la mano), que vaya usted a saber cómo se ha elaborado el referido informe internacional, con la manía que nos tienen, y sobre todo, que todavía estamos por delante de Serbia, Qatar y Kirguistán, que no es poco. Aparte de que allá por el siglo XIV la cosa sí que era verdaderamente preocupante. Yo he procurado valorar el informe visualizándolo con la 'mirada positiva' que nos recomienda el presidente Rodríguez Zapatero, con zeta de Zapatero, valga la redundancia, y contagiado de su inquebrantable optimismo antropológico he llegado a la conclusión de que los (aparentemente) malos datos que aparecen en el informe sobre la política cultural española, y muy principalmente la andaluza, no sólo eran previsibles sino que se corresponden absolutamente con una previsión planificada (otros, en plan erudito, dirían operativa, transversal y sostenible) plasmada en los planes de estudios, y su aplicación práctica, a lo largo de las sucesivas legislaturas, desde el inicio de la recuperada democracia española. No se trata, pues, de un fracaso político, por cuanto yo creo que estamos ante una deliberada praxis ideológica tendente a lograr los frutos que ya se están cosechando. No seamos ingenuos.
INTENTARÉ explicarme. Yo supongo que al poder establecido, a lo que denomino «el sistema», ya sea de izquierdas o derechas, que para el caso es lo mismo, porque son la misma cosa, lo que realmente le interesa es ostentar el ordeno y mando, manteniéndose en el poder y luchando por no perderlo, a cuyo efecto les resulta mucho más fácil gobernar un pueblo aborregado, adecuadamente abastecido de bienes de consumo, incluso superfluos, entrampado hasta las cejas, y lo bastante acrítico, o pasota, para no plantear problemas a la clase dirigente que lo pastorea. Lo mismo que el camarada Lenín dijo aquello de «libertad, ¿para qué?», otros elementos, que presumen de progres posmodernos, siendo en realidad unas fascistas de izquierdas, podrían preguntarnos «cultura, ¿para qué?». Porque ya se sabe que una ciudadanía culta, informada, reflexiva y crítica, libre y digna, exigente en definitiva, difícilmente se tragará las ruedas de molino que se le ofrezcan como chocolatinas o piononos de Santa Fe. 
POR eso, una de las propuestas, ya creo que prioritaria, por parte de los políticos e intelectuales auténticamente democráticos y progresistas de los años treinta, siglo pasado, fue, a todos los efectos, la instrucción pública. La culturización de España. Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Azaña, Antonio Machado, Julián Besteiro, Fernando de los Ríos, y tantos otros, sabían que la mejor manera de liberar a España, y los españoles, de su secular marasmo histórico y de su patológica anemia cultural, era por la vía de la educación y la enseñanza. Las personas alcanzan su mayoría de edad cívica, por lo que atañe a la libertad y la dignidad humanas, cuando progresan y se enriquecen a través de la cultura humanística hasta alcanzar las altas cimas de su libre albedrío y una capacidad intelectual para exigir los derechos, y cumplir las obligaciones inherentes a la convivencia social, y sus relaciones con el poder Cuadro de texto: constituido. Y por eso, y para eso, fue ministro de Educación, fugazmente por desgracia, don Fernando de los Ríos. Qué diferencia, de ayer a hoy. Lo malo fue que entre unos y otros, incluidos «los nuestros», se cargaron aquella incipiente y prometedora II República, y con ella, sus proyectos educativos y culturales. De tal modo que España volvió a perder el tren de la modernidad europea. Y así nos va. Los franquistas, y compañeros de viaje, por el Imperio hacia Dios, se ensañaron muy principalmente persiguiendo y eliminando a todo el personal que tuviera algo que ver con la enseñanza y la cultura; sus más temibles enemigos. Maestros de escuela, profesores de Instituto, catedráticos universitarios, artistas y escritores, que no fueran de los suyos, sufrieron los terribles efectos de aquella sistemática purga, programada y ejecutada para evitar que el pueblo español accediera a unos niveles educativos y culturales tan peligrosos como para cuestionar el tiránico dominio de aquella bestia parda del Pardo. 
RECOBRAMOS la democracia, al cabo de cuarenta años de oscuridad y silencio, y desde el primer momento de su advenimiento ninguno de los sucesivos gobiernos afrontó seriamente el problema educativo nacional. Todo lo contrario, cada ministro, o ministra, se considera lo suficientemente listo, y vanidoso, para decretar su propio sistema, con el visto bueno del respectivo presidente del ejecutivo. Se anula todo lo anterior, porque lo mando yo. Y adelante con los faroles. Otra ley, y otro fracaso. Y así vamos de mal en peor. Da la sensación de que no les conviene instruir al pueblo, de que prefieren una masa amorfa, inerte, acrítica, resignada y complaciente, para poder manipularla más y mejor. Decía el otro día el presidente del Gobierno, ante los datos que registra el Informe PISA, que son los padres (de los alumnos) los culpables y responsables, por su mala formación, del fracaso educativo de sus hijos. A esto le llamo yo tirar balones fuera, hacer el don Tancredo, remitirnos al maestro armero, silbando el Bolero de Ravel mientras te afeitas. Aparte de que los papás y mamás de los nenes ya están suficientemente ocupados, en sus ratos libres, viendo por la televisión, ellos los partidos de fútbol de cada día, y ellas los chismorreos tomateros sobre la entrepierna nacional.
YO prosigo contemplando este desastre, sistemático y continuado, con la mirada positiva de rigor, como está mandado, y concluyo comprendiendo que no se trata de algo sorpresivo y gratuito, sino hábilmente programado y realizado. Por lo tanto, y volviendo a los resultados del fracaso escolar andaluz, supongo que la actual consejera ya tiene todas las papeletas en su mano para ser, llegado el caso, la futura ministra de Educación, sostenible y a nivel nacional. Méritos no le faltan. Quedamos en que pueblo ilustrado nunca fue humillado. Pueblo instruido nunca fue vencido. Pueblo consciente cuestiona al dirigente. Pueblo con dignidad exige la verdad. Pueblo con cultura rechaza la impostura. Cuanto más iletrados mejor gobernados. Y así por el estilo. Lo dicho: apliquen la mirada positiva y felices pascuas. ¿Biban las caenas!»

“Lacolumnadelbúho”, Ideal, 
10 de diciembre de  2007





Cuadro de texto: La mirada positiva  
José G. Ladrón de Guevara
Cuadro de texto: ...resulta mucho más fácil gobernar un pueblo aborregado, adecuadamente abastecido de bienes de consumo, incluso superfluos, entrampado hasta las cejas, y lo bastante acrítico, o pasota, para no plantear problemas a la clase dirigente que lo pastorea